Musicoterapia en Barcelona

Conoce la musicoterapia como intervención terapéutica. Talleres, sesiones individuales y grupales en la infancia, adolescencia, adultez y tercera edad.

Psicomotricidad y musicoterapia.

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El cuerpo es espacio expresivo y es el origen de todos los espacios.

Merlau-Ponty.

Psicomotricidad y musicoterapia

Cuerpos en movimiento

La musicoterapia se asemeja a la terapia psicomotriz en que no es necesario pasar por la verbalización y el pensamiento consciente para conseguir una mejora en la persona. A través de la música se inducen resonancias tónicas a nivel del cuerpo. La actividad motriz y la producción de música, cuando son espontáneas, están en contacto directo con el insconsciente, y cualquier cosa que se haga tendrá un sentido y una significación.

Para conseguir un diálogo tónico o musical puro necesitamos que el paciente se presente ante el musicoterapeuta sin disfraces. Para ello, el paciente ha de liberarse del miedo y del juicio del otro hacia su propia producción sonora, del temor a que su sonido no sea aceptado. El musicoterapeuta, por su parte, debe aportar un lenguaje corporal y musical claro, sin ambivalencias, que ayude a revelar lo que el paciente no es capaz de expresar.

La Pierre y Aucouturier, expertos en el análisis psicomotor, en El cuerpo y el Insconsciente, explicaban que para que haya comunicación es necesario que haya separación. Necesitamos de los otros (acercarnos, tocarnos) y necesitamos separación del otro (identidad, autonomía). Es cuando se produce el alejamiento del cuerpo del otro al propio cuando aparece la necesidad de un mediador de comunicación. La música es un mediador de la comunicación y requiere de un objeto. A través de ella podemos establecer una relación tónica a distancia. La distancia temporal entre el dar y el recibir o la simultaneidad, se pueden recrear fácilmente con instrumentos y utilizar la separación o la fusión (musicalmente hablando) según las necesidades cambiantes del paciente.

Sentir el suelo, “la Tierra que resuena”, puede ser un primer contacto a la corporeidad sonora. El suelo, se puede convertir, simbólicamente, en la gran piel de un tambor sobre el que todos resonamos. Imprimimos nuestra energía sobre él a través de pies y manos. Y este parche enorme se torna, espacio fusional común, instrumento “madre”.

Autor: Laura Gascueña

Musicoterapeuta e integradora social

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